Hace unos días recibí en mi correo electrónico uno de los miles de power points que circulan a diario por la red. Éste, como la mayoría, trataba de ser gracioso, aunque no me pareció muy afortunado. En él, su autor hacía un símil entre la localidad de Bunyol y la aldea de Asterix, como uno de los pocos feudos gobernados por la izquierda que van quedando en la Comunitat Valenciana resistiendo al avance del PP; y acababa invitando a Francisco Camps a la popular Tomatina, que tuvo lugar el pasado miércoles (como es tradicional, el último de agosto), donde recibiría el tratamiento "que merecía" por parte de los aldeanos.
El mail con el power point acabó en la papelera de mi administrador de correo hasta hoy, cuándo ha regresado a mi memoria al enterarme de que Canal 9, la televisión autonómica valenciana, no retransmitió la Tomatina este año como hasta ahora era habitual. Este hecho, que puede parecer fútil, explica mejor la manipulación que padecen a diario desde hace años los valencianos y cómo ésta afectó los resultados de las pasadas elecciones, que los miles de columnas aparecidos en la prensa desde entonces.
Ni el hecho de ser la fiesta valenciana más popular en el mundo -que no se me enfaden los falleros, lo dijo una encuesta hace unos meses- ha servido a la Tomatina para desaparecer de la programación de un Canal 9 en el que las poblaciones no gobernadas por el PP no existen. Y no será porque los "informativos" del ente autonómico no hablen de pueblos. Nutren, con el Valencia CF y las declaraciones y paseos de Camps, el 95% de su contenido. Y salvo ver a Camps, su fórmula es ganadora en audiencia, pues el club de fútbol de la capital del Turia tiene mucha parroquia en la Comunitat y todos sabemos como gusta en los pueblos, de los más grandes a los más pequeños, verse reflejados en pantalla.
De modo que desde hace tiempo Canal 9, además de la manipulación habitual de la información (no contrastar la voz del gobierno con la de la oposición, que los presentadores corroboren las opiniones de los políticos afines como si de verdades se trataran, etc.), se produce esta otra más sutil, pero tanto o más efectiva dependiendo de la capacidad intelectual del receptor, al que detalles tan nimios como que no salgan los toros de su pueblo en la tele muchas veces le importan más que la más desastrosa gestión política de sus gobernantes, de la que ni siquiera tiene conocimiento.
Pero es lo que hay. Unos se defienden con power points, los otros tienen Canal9. Mientras tanto, en la Comunitat, la grieta entre la realidad y la versión oficial, que constituye una muy popular "realidad" alternativa, se va agrandando.
31 agosto 2007
Power Points vs Canal 9
30 agosto 2007
Nunca es tarde... "La Fiesta del Chivo" de Mario Vargas Llosa

La novela histórica, ahora tan en boga, nunca me ha atraído. Quizás se deba a la propia denominación de "histórica", que editores y lectores emplean para dotar de un cierto halo de veracidad, de ejercicio cultural, a lo que en la mayoría de los casos no es más que mero entretenimiento en forma de historias convencionales de ficción; eso sí, ubicadas en contextos temporales señalados y en los que célebres personajes históricos aparecen, bien como actores secundarios o como protagonistas, infundados de unos rasgos de personalidad y realizando acciones que cualquier historiador no tardaría más de unos minutos en desmontar.
Digo esto porque, paradójicamente, La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa (publicada por en España por Alfaguara el año 2000) me ha encantado; pero, por las libertades que su autor se tomó al escribirla, habrá quien dirá que me debería parecer peor que las novelas históricas. Me explico para los desafortunados que, como yo hasta hace nada, aún no la hayan leído. En La Fiesta del Chivo el autor recoge un acontecimiento relativamente reciente: el atentado que acabó én 1961 con la vida del que fuera dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo, y a partir de él, realiza una crónica de los últimos días de éste, en la que tanto él, como sus consejeros y sus verdugos, son los protagonistas y cobran viva voz. Bueno, al menos eso es lo que parece.
Porque si bien el atentado sucedió tal como lo relata Vargas Llosa, y sus artífices se llaman como los personajes que lo perpetran en la obra, el autor inventa consejeros a los que dota de un gran protagonismo en la trama y en los que carga buena parte de su crítica. Del mismo modo, repasando artículos publicados en el momento del lanzamiento de la novela, tampoco faltaron por parte de los familiares de los héroes/asesinos de Trujillo, críticas hacia las descripciones que de ellos hace el escritor peruano. ¿Es pues lícito que realidad y ficción se mezclen en una obra en la que en ningún momento se indica ese hecho? ¿Lo es cuándo, más bien al contrario, la obra en lo formal -me pareció ciertamente estupenda a nivel narrativo- parece por momentos un reportaje novelado?
Sinceramente, creo que igual hubiera sido recomendable que el autor hubiera introducido un epílogo final explicativo de hasta donde llega la verdad de su novela y dónde empieza la ficción; aunque seguramente Vargas Llosa consideró a sus lectores lo suficientemente inteligentes como para comparar a posteriori su obra con la realidad sin necesidad de advertencias. Por otro lado, creo que a La Fiesta del Chivo, más que ser medida por los defectos de la novela histórica, debería ser valorada de acuerdo a la principal virtud de la novela negra: utilizar un crimen como excusa para describir su contexto.
Eso es lo que hace Vargas Llosa en La Fiesta Del Chivo, establecer dos puntos de partida, el asesinato real de Trujillo y un hecho ficticio, pero inspirado en cientos de casos similares que sí sucedieron; que le servirán para describir a un dictador terrible, lo despreciable y cruel de su mandato, y mostrar su opinión acerca de los cánceres de este tipo de regímenes y sus consecuencias en la población. Y lo hace a mi parecer de un modo magistral.
Seguramente habrá quien considere que en algunos momentos Vargas Llosa se pase de la ralla, o también quien como yo, piense que en ocasiones -desde mi puto de vista su sucesor Joaquín Balaguer y futura lacra para el país, no sale mal parado- se queda incluso corto. Pero lo que principalmente me queda tras la lectura de La Fiesta del Chivo es un sentimiento de agradecimiento al autor; pues a pesar de las licencias del relato, por la gran parte de realidad que queda en la novela, es indudable que su historia, la de la terrible dictadura que sufrió la pequeña República Dominicana en el ecuador de este siglo y que afectó de modo irremediable a su actual situación, merecía ser contada. Y su protagonista, el abominable Leonidas Trujillo, retratado como lo hace Vargas Llosa.
Imprescindible.
29 agosto 2007
Récord tras récord
Se supo ayer, pero así lo titula hoy Levante. Su director Pedro Muelas expresa con meridiana claridad -en su artículo ¿El puente móvil más caro del mundo?- lo mismo que pienso yo e imagino que todos aquellos que sepan que esto es así:
"La «broma» del puente levadizo de la dársena interior del puerto de Valencia nos va a costar una fortuna con el quita y pon que lleva esta impresionante infraestructura. Primero fue diseñado y construido para subir y bajar y dejar pasar los barquitos por debajo, por lo cual se convirtió en el puente levadizo más largo del mundo (14 millones de euros), después se fijaron sus «brazos» para que circularan por encima los trenes(6 millones de euros), y ahora - corre corre que te pillo- para llegar a tiempo al circuito de F1 lo quitan de donde está, lo convierten en giratorio, en el giratorio, se supone, más largo del mundo, y se lo llevan al nuevo canal de la Copa del América (11 millones de euros) para que pasen por encima bólidos a 300 kilómetros por hora, con lo cual el puente aquel nos va a salir, de momento, por 31 millones de euros? ¿se supone que el más caro del mundo?"
PD: Las Provincias, el diario decano de la ciudad, ha optado por titular la información por la duración de las obras ("Las obras de traslado del puente móvil al canal para la F1 durarán ocho meses") y sólo citan lo que cotarán bien entrado el artículo, concretamente en su octavo párrafo. Sabiendo cómo se leen los periódicos -titular, entradilla, y a lo más, un par de párrafos-, es fácil deducir que los lectores del diario no sabrán el despilfarro que supone la obra. No hace falta señalar, aunque lo haré, que no se enterarán por Canal.
28 agosto 2007
Los números de la Comunitat
"La deuda pública de la Generalitat valenciana crece de forma sostenida desde que el PP asumió el gobierno autonómico. A finales de 1995 los valencianos debían lo mismo que los gallegos, la mitad que los andaluces, algo menos que los madrileños y la tercera parte que los catalanes. A finales de 2006, los valencianos debían tres veces más que los gallegos, un 50% más que los andaluces y un 10% más que los madrileños. Solo Cataluña supera en números absolutos la deuda de la Comunidad Valenciana. Pero en términos relativos, los valencianos son los más endeudados tanto per cápita como en relación a la riqueza que generan. Y las deudas se acumulan."
Esto es lo que hay (pinchando aquí podéis leer el artículo completo -Una hipoteca que se muerde la cola es su título- del que he extraído este párrafo publicado en El País). En la calle unos dicen que la Comunitat va bien, otros que va mal, que si con este acto hemos ganado mucho, que si con aquél nos fue fatal... Bien, podemos acordar que son opiniones diferentes, pero opiniones al fin y al cabo. Sin embargo esto son hechos. La Comunitat se endeuda a pasos agigantados y ya es la región más deficitaria de España; y lo que cabe valorar, lo que a los ciudadanos nos debería importar, es si ese endeudamiento, que algún día impedirá realizar nuevas inversiones, se está empleando correctamente, para dotar a la Comunitat de unas infraestructuras que permitan recuperar la inversión y que todos vivamos mejor, que es al fin y al cabo lo que se supone que deben conseguir para nosotros nuestros gobernantes.
Por lo pronto no es así, y la deuda no sirve para generar ingresos que la compensen, sino que al más bien al contrario, no para de crecer, además, de un modo desproporcionado respecto a otras autonomías.
Pero no seremos cenizos y esperaremos a que las inversiones comiencen pronto a dar sus frutos. El Palau de les Arts, por ejemplo, ha tenido un mal comienzo ("ingresó en 2006 por la venta de entradas 2,4 millones, el 10% de lo que gastó" titulaba hace unos días el diario Levante) pero, ¿no son esos, según la tradición gitana, los mejores principios? Pues nada, nada, seguro que lo bueno está por llegar.
La vida sigue igual
Ayer hizo una semana de mi regreso de las vacaciones. Al día siguiente escribía en mi primera entrada en el blog tras las mismas, que volvía con las energías renovadas o algún tópico similar, pero lo cierto es que, al reencontrarme con la realidad de mi ciudad, con sus ciudadanos y sus gestores, las "energías", si las había, se disiparon rápidamente. Un rápido vistazo a los blogs de cabecera servía para constatar lo obvio, que todo seguía igual.
Uno no se siente un amargado y es difícil no parecerlo cuando, en lugar de rebuscar para decir lo bonito que está esto o aquello, se te agolpan en la
agenda las noticias acerca de la nefasta gestión de nuestros gobernantes. Igualmente difícil es fijarse en el paisaje de la ciudad cuando te resulta imposible caminar mirando hacia el frente si quieres evitar pisar las mierdas de perro dejan abandonadas por doquier los animales de sus propietarios.
De modo que me di unos días más, a ver si cambiaba mi actitud, fruto seguramente del contraste entre acabar de visitar ciudades simplemente limpias y cuidadas, de las cuales por lo demás desconocía la realidad de su gestión diaria; y retornar de golpe a una habitada por muchísimos gorrinos -decir descuidados es muy fino- que prefieren arrojar sus basuras en plena acera antes de dar dos pasos para depositarlas en una papelera.
Traté de contenerme, pero no lo he conseguido. Puede que mi paseo por la playa del Cabanyal de ayer por la tarde, esquivando toda la basura que vecinos y turistas (estos posiblemente por contagio de las costumbres locales) dejaron tras pasar un rato en su arena haya influido. Puede que también la conversación mantenida días antes con un conocido sobreexpuesto a los informativos de Canal9, que se empeñó en tratar de convencerme de los logros recientes de Valencia en contraposición a Barcelona (la coentor autóctona no puede explicarse sin compararse a Cataluña), para después argumentar, en una gran demostración de inocencia, que la mayor prueba del éxito de la Copa América -una competición por la que, aseguraba, "se pegan por ser sede todas las capitales del mundo"- se debe al mero hecho de que, si no hubiera dado dinero a la ciudad nuestros gobernantes, no la habrían celebrado (¡¿?!).
El caso es que estoy aquí de nuevo, siete días después, y renegando de nuevo. Pero qué quieren que le haga, es lo que hay, y se lo voy a contar de la única manera que sé, tal cuál lo veo. Sé que hacer ver también a los que son como mi conocido es tarea prácticamente imposible, pero que no se diga que no lo he intentado. Perdónenme si les aguo la fiesta.
*La foto es del blog Valencia es un cagadero.
22 agosto 2007
Historias mínimas
"El pasado 10 de agosto, un grupo de 78 asturianos, en su mayoría jubilados mineros y sus familiares, decidió programar un viaje a la Ciudad de las Artes y las Ciencias desde las residencias que el Montepío de la Minería Asturiana tiene en Murcia.
Tomaron el autobús bien temprano, a eso de las cuatro de la mañana, según relata Marcelino Rodríguez, portavoz del colectivo asturiano, para dirigirse a Valencia con la intención de disfrutar de un día de ocio en el equipamiento lúdico-cultural que se ha convertido en símbolo de Valencia.
El programa de la visita se desarrolló con normalidad, aunque con un cierto grado de decepción -«muchos grandes edificios de Calatrava, pero faltos de contenido», aseguró Marcelino Rodríguez.
Casi al final de la jornada, el grupo de asturianos se dirigió a l' Hemisfèric, donde tenían entradas para la proyección de las 20 horas.
«A los cinco minutos se avería la cinta y nos dicen que van a intentar arreglarla, aunque poco más tarde nos indican que la película no tiene solución, que desalojemos la sala y pasemos por taquilla», relata el denunciante.
«Nosotros nos negamos. Les dijimos que después del madrugón y de hacer tantos kilómetros no estábamos dispuestos a conformarnos con que nos devolvieran el dinero o nos dieran una entrada para otro día», añade Marcelino."
Sigan leyendo en el artículo original aparecido hoy en Levante la aventura que vivieron estos jubilados mineros asturianos en Valencia y que ha acabado en los juzgados.
21 agosto 2007
No es una utopía
De la más grande y céntrica plaza de la ciudad, o al menos la de su antiguo centro histórico, partía un entramado precioso de calles peatonales y llenas de vida, que se prolongaban sin intromisión alguna de vías para el tráfico rodado a lo largo de cientos y cientos de metros. Era ya entrada la tarde y las calles hervían de gente. Jóvenes cargados de garrafas de vino y bolsas repletas de tantas botellas de bebidas gaseosas y como de brebajes espirituales, se confundían entre los paseantes adultos, que los miraban sin acritud alguna, aunque por los atuendos de unos y otros -era tan fácil encontrarse con púberes melenudos como con orgullosos ancianos luciendo polos con todas las maneras imaginables de representar la heráldica patria; con fanáticos del toreo recién salidos de la plaza, como con personal luciendo adhesivos antitauromaquia- sus gustos y opiniones pudieran discrepar radicalmente.
Quizás se debiera al contexto: la ciudad estaba en fiestas. Sin embargo y pese a la altura del día, las calles, en el atestado centro y sus alrededores, lucían prácticamente limpias. Y así seguían cuando regresamos, tras deambular durante un par de horas por ellas, a esa plaza central repleta de zonas arboladas y cuidados jardines en la que en unos minutos, actuarían Barricada completamente gratis. Días después ocuparían el mismo escenario Miguel Bosé, Dover, Fangoria, Kepa Junkera y otros, en una oferta gratuita y para todos los públicos. Cuando el concierto acabó salimos de allí atravesando de nuevo por otras de las calles del casco antiguo y seguimos sin ver ni un ápice de degradación, ni un rincón abandonado. La peatonalización de esas vías parecía haberlas dotado de vida, haber retenido en ellas el paso del tiempo para evitar su deterioro y que mantuvieran su personalidad y con ella la de la ciudad.
Obviamente, mis conciudadanos y lectores habituales sabrán que eso no lo he vivido en mi agria urbe (la creación constante de enemigos por parte del gobierno valenciano para perpetuarse en el poder anula la posibilidad de la convivencia tranquila que antes cité), sino prácticamente a mil kilómetros de ella, en Pontevedra, hace tan sólo unos días. Allí -al margen de la anécdota de los conciertos que sirve para contrastar con la gestión de una Valencia en la que el Ayuntamiento subvenciona actuaciones por los que el público acaba pagando igualmente-, he visto lo que ya comprobé hace años en Ourense, A Coruña, Vigo o la preciosa León -por poner un ejemplo de fuera de Galicia-: que si se quiere es posible recuperar una ciudad, pues las primeras molestias se convierten en elogios de los propios vecinos al comprobar que lo que realmente hace atractivas y únicas a sus poblaciones son su historia y su legado, y sólo hay un modo de conservarlos.
Con esas certezas, unas cuantas experiencias más, algún nuevo amigo, y un poco de energía recuperada tras poner el cerebro en estado de "hibernación" un par de semanas, regreso de nuevo a mi Valencia. Con la intención de poner mi granito de arena para hacerla, si es posible, más cercana al modelo de polis para el disfrute de sus habitantes y visitantes que de nuevo encontré más allá de sus fronteras. Otra vez y en otro lugar la vieron mis ojos. No es una utopía.
Frente al edificio del fondo se ubicaba el escenario en que actuaron Barricada y el resto de bandas, sin que seguramente se produjera ningún desperfecto. Cosa de urbanidad (la foto la he tomado prestada de la web de Paralaia).PD: En mi regreso no me he reencontrado con mi amigo Adolfo, que partió de aquí en busca de un futuro mejor -al lado de su chica, todo hay que decirlo- en Holanda. Por suerte me tendrá al corriente de todo -y al que le pueda interesar- en su recién inaugurado blog El Tulipán Moreno. Te leo.
03 agosto 2007
Me largo
No lo han propiciado sus declaraciones, pero escuchar hoy al vicepresident de la Generalitat Vicente Rambla culpar a Zapatero de que la Comunitat no recibe tantas inversiones como otras comunidades -Cataluña se cita en particular- me ha insuflado más ganas para gritar a los cuatro vientos que me largo. Temporalmente, sí, sólo un par de semanas, pero huiré lo suficientemente lejos de estas tierras como para que no me lleguen los ecos de mentiras como ésta. La culpa no es de Zapatero, sino suya. Si querían más inversiones, podían haberlas exigido, como otras comunidades, en sus estatutos; pero nuestros PPCV y PSPV prefirieron hacer al canelo y hacerse más españoles que nadie, con el beneplácito de la mayoría de los valencianos que los votaron, así que ahora a apechugar. Y si quieren otra cosa, pues ya saben, las elecciones sirven para eso, para votar a otro. Además, ¿para qué queremos más inversiones si vamos a tener a Fernando Alonso y los barquitos esos de Iberdrola que no hacen más que traer para acá ríos de millones?
Lo dicho, que me largo a otro sitio en el que todavía se puede tomar una cerveza en la playa por menos de 2 euros. Si se quedan, que les sea leve.


