La agresora agredida
"En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira" escribió Campoamor. Y si eso es cierto en muchos momentos, lo es más en los preelectorales que vivimos. En esta semana que acaba les he dado la barrila bastante con el tema y lamento tener que despedirme de cara a unos días de descanso todavía con ello. Pero me parece que, después de la murga que nos han dado con el asunto, y aunque ya lo hayan comentado algunos colegas, no está de más destacar la notable hipocresía de algunos de nuestros políticos más populares. Me refiero al caso de la supuesta agresión (así ha sido calificada por numerosos medios) a la franquista María San Gil esta semana en la Universidad de Santiago, y que realmente fue una protesta con insultos; a la que siguió días después por una protesta similar a Rosa Díez en la Complutense.
Y me refiero a ello para decir que coincido -de nuevo sin que sirva de precedente- con lo que dijo Rajoy al respecto de las mismas: "Señor Rodríguez Zapatero, cuando le echas leña al fuego, luego pasan estas cosas". Bueno, la verdad es que no entiendo la apelación al presidente del gobierno, pero sí es cierto que tanto San Gil como la tránsfuga Rosa Díez -qué gran ejemplo para la democracia- llevan años arrojando leña al fuego. Concretamente en febrero del 2003 eran ellas mismas las que insultaban en un pleno del ayuntamiento de Andoain entre otros a Josu Jon Imaz. Y si aquello no era una agresión, imagino que tampoco lo será ahora. Les dejo las fotos, para que vean como San Gil parece gozar tanto cuando increpa como cuando se le increpa.
Pasen un buen fin de semana y tengan paciencia. Esto se acabará en seguida.
PD: Por cierto, en la Comunitat Valenciana son constantes últimamente los ataques -estos sí, con agresiones- a miembros del Bloc, el tercer partido en número de votos en las últimas elecciones y no caracterizado por ser un partido "radical". Aún no he escuchado a Rajoy -ni a Zapatero- condenar ni una sola de las agresiones, ni a los medios nacionales hablar de ello.





2 comentarios:
Porque una cosa no quita la otra.
"Reventadores"
ELVIRA LINDO 20/02/2008
Reventar un acto es una vieja costumbre. El premio Nobel Saul Bellow vivió su particular mayo del 68 en la Universidad de San Francisco, cuando unos estudiantes convirtieron una conferencia suya en asamblea y acabaron gritándole: "¡Viejo de mierda, carca!". Las razones eran baratas: el escritor no se ajustaba a la ortodoxia ideológica imperante. Al día siguiente, el reportero del San Francisco Chronicle, aparte de mostrar su ignorancia sobre el escritor presentándolo como un autor fracasado de Broadway, responsabilizó del suceso al propio Bellow por su talante antipático. El escritor, por su parte, contó amargamente que, por un lado, sus colegas veteranos parecían aterrados y, por otro, los más jóvenes, halagadores de los estudiantes, disfrutaron con el número. La única consecuencia feliz de este disparate fue que el suceso se le coló a Bellow en uno de sus libros más reveladores, El planeta de Mr. Sammler. El viejo Sammler, abrumado por esa realidad que no entiende, piensa que las universidades no se fundan para destruir la cultura, "para eso, concluye, es mejor fundar un partido nazi". Pasado el tiempo estas palabras se cargan solas de razón, más aún cuando las escribió alguien que ya entró en el paraíso de los inmortales, pero entiendo que el ciudadano Bellow no pensaba sólo en el derecho de los literatos ilustres a hablar en los foros universitarios sino en todo aquel que, desde cualquier ámbito, fuera invitado a expresar su opinión. La furia de estos días contra tres conferenciantes debería inducir a los campus a una reflexión. El espectáculo de la violencia siempre es triste, pero dentro de la universidad, algo así como la cuna del pensamiento de un país, es desolador. Y, por supuesto, nunca debiera zanjarse el asunto mandando al conferenciante a casa, sin hablar, humillado. Es el triunfo de los reventadores.
Hola Amparo. Gracias por tu aportación. Coincido plenamente con lo que indica y espero que de nada de lo que he escrito se pueda deducir que acepto este tipo de conductas que atentan contra la libertad de expresión.
Lo único que quería señalar con la entrada es la extrañeza que me produce que se erija como víctima señalada de este tipo de atropellos a una o varias personas que gustan a su vez de ir tapando bocas y negando el diálogo y la voz a los que no piensan como ellas.
Un abrazo.
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