22 mayo 2008

Cuando las declaraciones importan más que los hechos

La política, al menos donde yo vivo, ha tocado fondo. No ahora, sino desde hace ya una temporada larga, aunque es desde hace relativamente poco cuando las consecuencias se han hecho más notables. En esta comunidad autónoma -la valenciana- se ha llegado a tal grado de desinformación, que las autoridades se permiten, sin rubor y sin que prácticamente nadie les señale sus acciones, desdecirse de sus decisiones del día anterior, incumplir sus promesas, o directamente mentir a los ciudadanos, sin pagar por ello ninguna consecuencia.

Sin ir más lejos, hoy el presidente valenciano Francisco Camps se ha permitido acusar de "deslealtad" (cuánto gasta esta palabra y qué pocas veces tiene relación con lo que dice) al gobierno central por "ocultar una crisis económica en ciernes hace ya unos cuantos meses". Efectivamente, Camps podría decir que Zapatero no habló de crisis -desaceleración, o lo que deseen- hasta después de las elecciones; pero hay que ser muy desvergonzado para culpar al gobierno central de la crisis que se padece también en la Comunitat Valenciana, cuando es además el territorio en el que Camps gobierna (es un decir) el que abandera ese frenazo, dando muestras de él incluso antes de que se iniciara en el resto del país.

¿A qué se dedica entonces el President? ¿Tiene que venir Zapatero a decirle lo que está pasando en su propia casa? Obviamente no. ¿Entonces cómo se atreve a decir semejante chorrada? Simplemente porque sabe que su declaración va a tener más resonancia que los hechos. Para saber que el popular lleva años realizando una nefasta gestión en la Comunitat hay que informarse mínimamente y con regularidad, pero eso requiere una dedicación y un tiempo. En cambio, escuchar su último exabrupto y asimilarlo, con el índice de credibilidad que le aporta su difusión televisiva o verlo publicado sin matices en las portadas de los diarios, eso no cuesta nada. Y aquí, con la complicidad de algunos medios que no se respetan a sí mismos ni al periodismo, se ha llegado a ese punto, al de que se reproduzcan sin más las declaraciones de los políticos, sin ninguna matización. Las hemerotecas ya no existen ni tienen ningún valor y son los propios medios, algunos de ellos pero bastantes, los que han conducido a esa devaluación del periodismo.

Otra de hoy. Un año después de la explosión de la subestación eléctrica instalada en pleno barrio de Patraix, después de que la alcaldesa Rita Barberá se comprometiera a trasladar la subestación fuera del barrio, se ha conocido que ésta continuará donde está, porque ni Red Eléctrica Española ni el consistorio quieren hacerse cargo del traslado. ¿Qué ha dicho la alcaldesa? Que la decisión "es una bofetada a los vecinos de Valencia" por parte de REE y a otra cosa mariposa. Como en el caso anterior, Barberá podría haber apuntado que la empresa se desentiende de su parte de culpa respecto a la sitación de la subestación, o proponer una solución intermedia como asumir el coste del traslado a medias. Pero no, se opta, sin atisbo de vergüenza, por la declaración altisonante pero vacía de contenido, que apela a los instintos y despeja la responsabilidad. Y lo hace porque da buen rendimiento. Mientras tanto, pasado mañana la subestación seguirá ahí, como la crisis. Es lo que pasa cuando las declaraciones importan más que los hechos, que los ciudadanos salimos perdiendo. Eso sí, parte de culpa es nuestra, por limitarnos a escucharlas.

2 comentarios:

Ali Mar dijo...

Siempre he sido bastante escéptica con lo de la subestación. Soy de naturaleza desconfiada y descreída - y, además, me creo lo de la teoría de la conspiración, paranoica que es una - y cuando se produjo la explosión, pensé... Ufff, en plena campaña electoral ¡Qué golpe de mano de la alcaldesa! No puedo evitar verla, con el ojo de la imaginación más fantasiosa, en pleno cónclave con los de Iberdrola: "Oye, sí, un pequeño accidente, nada grave,... Yo la paralizo, sí, poco tiempo, un añito o dos a lo sumo (Ya os compensaré por otro lado), si hay problemas: generadores en la calle, y verás como no dicen nada. Gano las elecciones, por mayoría en Patraix. Luego salís vosotros con aquello de que es inviable, imposible y una barbaridad trasladarla... yo qué sé, algo así como que lo tendrán que paagr todos los valencianos... y cuando me vengan otra vez con las mismas, como con el Cabanyal ¿Pero si me habéis votado!". Sería muy maquiavélico, no? No, de verdad, sin bromas, seguro que ha sido todo fruto de la casualidad más absoluta. Los de Iberdrola que son muy malos.
Petons.

Sergio G. Rabadá dijo...

Ningún ciudadano debería aceptar que un político descansara de la culpa procurándose un chivo expiatorio para ello más, lamentablemente, vemos que eso es una costumbre y lleva a cuestiones paradójicas y ridículas.
Considerando al PP un partido pretendidamente liberal, resulta risueño que descansen la culpa de a crisis sobre el gobierno del PSOE más y cuando la historia reciente demuestra que esta crisis empieza a gestarse en la irresponsable conducta de los bancos a la hora de otorgar créditos de hasta el 120% del valor de tasación (apostaban a la subida permanente del valor de la vivienda), por la actitud irresponsable de las promotoras de vivienda y constructoras a la hora de sobrevalorar los pisos a vender y en la "no regulación del mercado por parte del gobierno", no regulación que es acorde a los principios de no intervención que el liberalismo sostiene ya que un "mercado libre y perfecto" (si tal cosa existe en algún lado) es el mejor regulador de los precios.
La explosión de las hipotecas subprime estalla no solo en la cara de los bancos estadounidenses, sino también en las manos de los bancos europeos, adquirentes de paquetes de títulos hipotecarios valorados, equivocadamente, como de bajo riesgo por estar constituidos por hipotecas buenas, regulares y basura. Zapatero tendrá que lidiar con eso, ya que el aumento original del Euríbor, que lleva las cuotas a valores imposibles de pagar por parte de los "beneficiarios" de un crédito hipotecario, se debe a la pérdida de confianza surgida entre los distintos bancos europeos al no saberse realmente cuanto han invertido en estos títulos hipotecarios empaquetados con papel regalo, luego sí, inicia la crisis doméstica del mercado inmobiliario al comenzar a crecer la cantidad de hipotecas en mora y a decrecer el valor de los inmuebles por debajo de lo tasado en el momento de otorgar el crédito.
Libertad de mercado sostiene el PP con su mano derecha, mientras exige regulaciones con la izquierda, o con su otra derecha, al menos.
De la misma forma, descargan su responsabilidad de la crisis partidaria sobre las espaldas de Mariano Rajoy, quien fue candidato a presidente y que mientras fue candidato fue zalamereado por todos sus "amigos" y presentado como "el hombre que daría la solución a todos los problemas". Vemos hoy que ni siquiera puede poner orden en su casa que se ha transformado en un batiburrillo de triples A, de gente que huye hacia el sector privado, de gente que huye del partido ya sea como golpe de efecto o para evitar que los trague el remolino del naufragio que ellos mismos están provocando.
¿Y ahora qué? ¿Nos sorprende que un "político de raza", elegido por sus "cualidades de estadista", el necesario "pensamiento estratégico y táctico" que ha de tener para ser llamado político diga que lo que pasa es "porque no le avisaron lo que se venía"? pues le bastaba con leer El País, el mismo ABC o con proyectar el incremento de las cuotas que está pagando por su hipoteca. Le bastaba con entender que en un sistema económico nada sube para siempre ni nada se mantiene siempre a bajo precio porque la estabilidad en los precios evita que se pueda "especular" y la "especulación" es la base del sistema de libre mercado, compra cuando está bajo, vende cuando está alto, cambia de sector y a reiniciar, es lo primero que se suele enseñar a quienes invierten profesionalmente en la bolsa.
A Zapatero existe una cosa que se le puede decir, recriminar, sin caer en el ridículo, y lo que se le puede recriminar es el no haber aplicado los principios socialdemócratas como debían ser aplicados en su gobierno, no haber impedido la brutal transferencia de riqueza desde la clase trabajadora a las clases acomodadas que se ha registrado en estos años de "crecimiento", que no de desarrollo.
En fin, que Camps debería enojarse con Zapater por no haber sido más de izquierdas y que entonces sí podríamos reírnos.
Un abrazo.