Coger hoy la prensa en Valencia era una invitación a la depresión o al cachondeo, según se lo tomara uno. La nota más seria la ponía todo el asunto del boicot a la asignatura de Educación para la ciudadanía que ha puesto en marcha la Conselleria de (des)Educació. Ayer era el día en que parte de los heroicos profesores que se oponen a entorpecer la educación de sus alumnos siguiendo el juego de la Generalitat, se autoinculpaban de hacerlo exponiéndose a sanciones que podrían acabar con la pérdida de sus empleos. Menos valientes, pero muy críticos, se mostraban también los 115 de los 133 directores de institutos de educación secundaria de la provincia de Valencia que ayer se reunieron para manifestar su descontento con la actitud amenazante y antieducativa de la Conselleria. Sin embargo era imposible encontrar ninguna noticia recogiendo protestas masivas de los padres de los alumnos presentes y futuros al ver como la Generalitat Valenciana utiliza la educación de sus hijos como arma política y electoral. No es de extrañar, insisto, que con las pocas ganas que muestran los padres autóctonos porque sus hijos reciban la mejor educación, la Comunitat Valenciana sea la líder (solo superada por Ceuta) en fracaso escolar en España. Se recoge lo que se siembra.
Unas páginas más adelante uno ya se encontraba con el desglose del anteproyecto de Presupuestos Generales del Estado, que arroja en su partida para la Comunitat Valenciana las mismas cifras negativas de todos los años desde que funciona este invento. Valencia, la cuarta por la cola por habitante titulaba Levante-EMV, apuntando unas cifras que, sin llegar al ridículo que se recibía cuando coincidieron los gobiernos populares en Madrid y Valencia, no dejan de ser ridículas. Y más teniendo en cuenta que el AVE Madrid-Valencia, ese tren que luego usarán cuatro gatos, se lleva la parte del león del presupuesto. Otra estafa.

Con un tono más sarcástico podía uno asimilar las nuevas críticas del presidente de Ferrari al circuito urbano de Fórmula 1 de Valencia. Nuevas críticas que nos hacen descubrir las viejas. De "engañifa" calificaba al circuito valenciano Luca Cordero di Montezemolo, el mismo del que Rita Barberá nos dice que debemos de estar orgullosos. Ahora va a resultar que todas las palmaditas en la espalda después de aquella carrera inaugural en la que no se produjo un solo adelanto, van a ser una pantomina, y el circuito es tan feo y malo como pareció. Sería sólo una más.
Pero el cachondeo llega definitivamente cuando leemos en Levante-EMV el siguiente titular:
Diez turistas han sido hospitalizados en 20 días al resbalar en el puente de Calatrava de Venecia. La noticia no tiene desperdicio (tampoco los comentarios de los lectores, poema incluido), destacando las excusas del arquitecto -no ha trascendido que su colegio le haya quitado ya el título- para tanto accidente. Es más una cuestión de "percepción" de cada persona que un problema "técnico", señaló Calatrava, cuyas víctimas son incapaces también de percibir el mineral de que está compuesto el pétreo rostro del valenciano (¿será acaso trencadís?). Menos mal que el puente está en Venecia y allí es normal que en algún momento casi todo quede bajo las aguas.
Todo eso y mucho más venía hoy en la prensa valenciana, de modo que servidor no ha descubierto nada que no estuviera ya ahí. Pero bueno, contárselo desde mi punto de vista fue uno de los motivos por lo que hoy hace dos años abrí esta ventanita y las ganas aún no se me han pasado. Y parece que aún fue ayer...