
"El gobierno vasco prepara una ley para tratar de garantizar el acceso de todos los vascos a una residencia digna. Es una buena noticia, pero no por ello resulta menos sorprendente, tanto que todavía a día de hoy, tres décadas y pico después de la aprobación de una constitución que recoge ese derecho, sea todavía necesario el establecimiento de la ley que lo desarrolle; como la firme oposición de algunos sectores —que casualmente se erigen regularmente como los principales valedores y garantes de esa carta magna— a que los ciudadanos puedan disfrutarlo. La vivienda, como el agua o la alimentación básica, es un bien de primera necesidad, pero por su carácter duradero y nuestra especial idiosincrasia (en otras latitudes con diferentes códigos éticos, no parecen tener tan arraigado el sentido de la propiedad como aquí) se convirtió en un objeto susceptible de especular con él. No debería hacer falta, pero tampoco sobra recordar, que esa especulación, orquestada por unos pocos muy ricos, y seguida por muchísimos egoístas y espabilados menos pudientes, generó que en los últimos años la vivienda se volviera un objeto de consumo inalcanzable para la mayoría de los españoles, y creó un mercado con una demanda ficticia que terminó estallando y agravando la crisis que ahora padecemos."
Así empieza
Por el derecho a especular, mi columna de hoy en
l'Informatiu, que pueden leer completa siguiendo
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