
"Es el resultado patético de una política faraónica y enloquecida". Así calificaba ayer la candidata de EUPV a la presidencia de la Generalitat, Marga Sanz, el hecho de que el Palau de les Arts se haya abierto a la celebración en sus instalaciones, de banquetes de bodas, tras salir a la luz pública que el futbolista valenciano del Real Madrid, Raúl Albiol, celebrará en ella el banquete de su enlace. Sin embargo, en esta ocasión he de manifestar mi desacuerdo con Sanz. Que el Palau de les Arts, que ha costado alrededor de 1.000 millones de euros a los valencianos aún por pagar, y que alberga en la actualidad una programación supuestamente prestigiosa (los precios de los tickets no permiten a un servidor dar fe de ello) en su calidad, pero ínfima en su cantidad, ahora sirva de sede para bodas con la finalidad de compensar el enorme déficit anual que genera en las arcas públicas, no es "una vergüenza"; es, al contrario, el broche de oro a la obra, la guinda definitiva para que la obra faraónica de Francisco Camps para el pueblo valenciano alcance su principal objetivo.Así empieza Bodas, bautizos y comuniones, mi columna de hoy en l'Informatiu, que pueden leer completa siguiendo este enlace.