¿Es este el mismo post de cada mes? No, porque siempre hay ligeras variaciones, pero el fondo viene a ser el mismo. Hasta se podría hablar de una mejora. La Comunitat Valenciana ya no aporta uno de cada tres nuevos parados del país como el mes pasado, sino uno de cada cinco, como hace dos. Sin embargo habrá quien sea capaz de verle hasta un punto de vista positivo: a pesar de los 7.222 nuevos desempleados que ubican a la Comunitat como la segunda que más parados aporta a la lista, Andalucía, con sus casi 19.000 ha aportado la mitad del total (aquí encontrarán todos los datos). "Estos socialistas", dirán mirando la paja en el ojo ajeno, "no saben crear prosperidad como nosotros", al tiempo que ocultan los datos refreridos a los incrementos relativos anuales de desempleados que sitúan a las comunidades que presiden Ramón Luis Valcárcel y Francisco Camps (los alumnos favoritos de Rajoy) como aquellas en las que es más fácil sumarse a la cola del paro.
No obstante, mientras les cuento esto, socialistas y populares escenifican las supuestas diferencias de sus políticas económicas, y aunque sobre el papel y como indican los datos son las mismas y generan los mismos efectos en los trabajadores rasos, al final del día más de medio país considerará que los "suyos" son los que mejor van a sacar esto adelante. Y tratarán de cambiarlos. Y no cambiará nada.
Hace poco más de un año, el periódico británico The Guardian eligió la playa de Rodas, en las gallegas Islas Cíes, como la mejor del mundo. Por desgracia, aún no he tenido la suerte de estar allí, pero sí tengo constancia del que puede ser uno de los motivos de su calidad: en las Islas Cíes limpian la basura.
No, el titular no es coña. Es una felicitación a todos los que hoy se han alegrado de nuevo al ver subir el euribor. Me explico. Hace unos años los tipos de interés estaban por los suelos y hubo gente que, habiendo calculado sus posibilidades económicas, se lanzó a comprar pisos, automóviles o lo que le vino en gana. Por otro lado, otros con menos posibilidades y con un futuro laboral incierto se dedicaban a ahorrar lo poco que podían obligados por esa incertidumbre y la posibilidad de que llegaran unas vacas flacas. Lamentablemente para estos últimos esos tipos bajos hacían que tener tu poco dinero en el banco supusiera hasta perder poder adquisitivo, porque el interés que los bancos daban por el dinero era menor que el incremento del IPC. Pero era el precio que había que pagar por tener pocos recursos.
Pero por suerte para estos, aunque su futuro laboral siga siendo difícil y la economía actual no les permita acceder a la compra de una vivienda o cambiar su vehículo matriculado hace una década, al menos la subida de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (que repercute en el euribor) ha provocado que sus pocos ahorros les rindan algún escaso dividendo. Así pues, enhorabuena a todas las personas y familias españolas beneficiadas por la subida del euribor, que seguro que son muchas; tantas al menos, como las que se tendrán que apretar un poquito más el cinturón para hacer frente a sus deudas.
Como ven, soy un valenciano que escribe en castellano. Además, les aclaro que en la mayoría de las ocasiones (prácticamente en la totalidad) también hablo en esta lengua. Pero jamás, repito, jamás, me he sentido discriminado en mi tierra por este motivo. Lo que sí siento en cambio es pena, porque mi padre no pudo, supo o quiso transmitirme su legua materna. Ya sabrán, y si no se lo digo, que hablar valenciano fue prohibido y perseguido durante la dictadura franquista, y las clases acomodadas ligadas al régimen por estas tierras asumieron e hicieron asumir que hablar en la lengua autóctona era sinónimo de bajeza e incultura. Seguramente por eso, mi padre, confundido y deseando lo mejor para mí, no me habló prácticamente nunca en valenciano, su primera lengua, a pesar de haber nacido recién iniciada la Transición.
Pese a ello, si con la llegada de la democracia se hubiera restituido el respeto y el cuidado por el valenciano situándolo a la par que el castellano, seguramente podría manejarme con total fluidez en ambas lenguas. Sin embargo, para mi desgracia no es así, pues la lengua autóctona quedó relegada -y más o menos ahí sigue- en los planes educativos a ser una asignatura más, con no más de tres (creo que ahora pueden ser seis o siete) horas lectivas semanales. Esto, sumado a que la castellanización represiva del franquismo hizo desaparecer el valenciano del ámbito público, o lo que es lo mismo, que los chavales apenas escucháramos valenciano en esas clases y en los dibujos de la tele, supuso que en la actualidad, la mayor parte de la gente de mi generación -la de la treintena- y más pequeña sepa un poco más valenciano que inglés (y ya saben como se nos da la lengua de Shakespeare). En resumen: que lo entendemos con relativa claridad, lo hablamos con regular fluidez y lo escribimos fatal. Yo, que trato al escribir de no cometer errores ortográficos, he de revisar cada texto que escribo en valenciano, por breve que sea. Y se lo aseguro, hablo y escribo más en valenciano que el 80% de mis paisanos.
Cuál es la situación exacta en Galicia, Euskadi o Cataluña, otras comunidades con lengua autóctona además del castellano, es algo que no les puedo contar. En cambio sí puedo decirles de primera mano que no han sido pocas las ocasiones que, con mi castellano como único vehículo comunicativo, he pasado temporadas en ellas (en Catalunya por fortuna, disponiendo también de nuestra lengua común) y jamás, repito, jamás me ha marginado nadie en ningún ámbito, público o privado, por manifestarme en castellano. Y al igual que en la valenciana, son éstas tres comunidades en las que el franquismo reprimió el uso de sus lenguas autóctonas (hasta el punto de que en algunas de ellas, algunos de sus líderes considerados nacionalistas, no las hablan), por lo que se vieron obligadas en democracia a tomar, con mayor o menor fortuna, las medidas necesarias para velar no sólo por los que se comunican en catellano, sino por los que mantuvieron su propia lengua, pues también son españoles y hay que velar por sus derechos. Es por eso que esas medidas deberían saber apreciadas por todos, pues no sólo suponen un método de que nuestros vecinos mantengan su legado, sino que son uno de los símbolos más hermosos que nos deja la democracia que ahora disfrutamos: la del respeto a la pluralidad y el cuidado y protección de todos, se expresen en la lengua que se expresen.
Es evidente que los grandes festivales de música popular que se organizan ahora por doquier, poco o nada tienen que ver con los que a finales de los sesenta se convirtieron en iconos del rock. La diferencia principal es que en aquellos, los asistentes acudían convocados a la llamada de unos músicos sin etiquetas -pese a que ahora los podríamos clasificar en múltiples y muy diversos estilos- pero con un común denominador, que era música contracultural. Vamos, que lo que escuchaba la gente que allí acudía no era lo que se escuchaba en las emisoras top 40 y tocaba un poco las narices al poder. Ahora, en cambio, es difícil que un evento de este tipo funcione si no forman parte de su cartel al menos una decena de bandas que reciben el beneplácito de los grandes medios, o lo que es lo mismo, del sistema.
Y es del todo lógico, aquello no llegó a ser una revolución que cambiara mucho las cosas -más bien cambiaron las personas, pero no "las cosas"- pero sí demostró que la música podía ser un aglutinador de la juventud, por lo que a partir de entonces fue más controlada que lo había sido hasta entonces. Así llegamos hasta nuestros días, en los que todo está más que controlado, y lo poco que funciona de un modo paralelo acaba siendo engullido por la maquinaria. Y el Rock In Rio, para el que no lo sepa, es un ejemplo. En 1985 tuvo su primera edición y fue un hito, porque contando a partes iguales con artistas brasileños y lo mejor del rock internacional de la época (Iron Maiden, Queen, AC/DC, Ozzy Osbourne, Scorpions, Whitesnake, Yes, etc.), metió a más de un millón de personas. El éxito fue tal que seis años después se trató de reeditar, aunque ya mezclaron rock (Guns N' Roses, Metallica, Judas Priest, etc...) con pop (New Kids On The Block, A-ha, George Michael, etc) y fue económicamente rentable, aunque ya adulterado simplemente fue otro festival multitudinario más. Diez años después se reeditó con la misma fórmula, mezclando a grandes del rock con el pop de moda (haciendo a Iron Maiden pasar por el mismo escenario que Britney Spears), y aunque la rentabilidad no cejó, el declive del dólar hizo mirar hacia otros horizontes.
Así se trasladó en 2004 la marca a Lisboa, y tras dos ediciones allí, se anunció este año en Madrid. Obviamente poco podría ya quedar de aquel Rock In Río originario para rescatar en Madrid, pero pese a ello, el español logrará un nuevo hito que parecería imposible: hacer el primer Rock In Rio -Rock In Madrid en este caso- sin rock. Y es que si quitamos a Neil Young -ojo, ¡Neil Young es lo más radical!- nada hay rockero en el festival; y sí en cambio reinan los artistas con que se adormece al personal en las radiofórmulas españolas más vulgares. Que oiga, me parece muy bien, y a cada uno le puede gustar lo que sea, pero si los festivales ya no son lo que eran, éste desde luego es un insulto a la leyenda de los primeros. Pese a ello, no pasa un día en el que El Mundo, El País, TVE y compañía no hablen del "festival de rock" que se celebrará en la "ciudad del rock" (algún día sabremos quién se los ha llevado calientes con la construcción de semejante obra) en unos días, como si en lugar de lo que es -una vergüenza-, fuera un acontecimiento.
Mientras tanto, para completar la estampa, esta misma noche más de 20.000 personas verán en las cercanías de Bilbao (entre otras) a una banda de rock tan stablishment -porque lo es, y más famosa y mítica que todo el cartel del festival madrileño- como Kiss (otras tantas vieron ayer a Judas Priest o Slayer), que vende millones de discos en todo el mundo, y algo me dice que si no se lo cuento yo seguro que no se entera. Y es que solo este país es capaz de hacer contracultural lo que en medio mundo es cultura popular. Así vamos de atrasados (y así nos controlan).
Actualización 20:57: Me parto. Antes lo escribo, antes encuentro otro ejemplo. En El País de hoy se publica un artículo sobre rock y no citan ni un solo grupo de los que ayer y hoy actuaron en Bilbao (y para colmo hacen mofa de un dj). Y es que el rock en este país -según los medios, porque rock es rock- es lo que se hacía antes del 69 o cualquier cosa posterior que no lo sea (desde U2 a Franz Ferdinand, pasando por La Union -cuyo cantante no es viejoven, es viejo- o El Canto del Loco); todo menos el rock. Y se lo dice uno de los muchos que van a ver a Springsteen este verano; por si creen que mucha de esa música no me gusta. Lo que no me gusta es que nos manipulen. Y que se tome el nombre del rock en vano.
Esto (Kiss, por poner un ejemplo) es lo que todavía es tratado como un tabú en este país (que no en el resto de Europa). Y luego va personal por ahí diciendo que los estadounidenses son unos tarugos.
Escribía hace unos días Íñigo Sáenz de Ugarte en su blog Guerra Eterna, un artículo sobre un reputado periodista norteamericano -Tim Russert- recientemente fallecido. Y, con el ánimo de mitigar las loas recibidas tras su deceso, describía su estilo periodismo político del siguiente modo:
"Centraba su atención en la política como enfrentamiento de personas y de partidos: quién va por delante en los sondeos, cómo es la estrategia política del candidato, cómo pueden perjudicarle determinadas revelaciones, etc. Eso siempre deja poco espacio a la política entendida como enfrentamiento ideológico: qué programa ofrece un candidato sobre sanidad, educación, medio ambiente... Su trabajo es perfecto para los que sienten un gran interés por la política, que reconozcámoslo puede llegar a ser muy adictiva, pero dudo de que sea un gran servicio para los ciudadanos."
Como ven, es una descripción que muy bien se podría aplicar a la que nos ofrecen nuestros medios de comunicación; cuanto más nos hablan de los debates por el poder en los partidos, de sus discusiones internas, menos lo hacen de lo que realmente nos es realmente útil a los ciudadanos, por muy d¡vertido que nos pueda parecer verlos pelearse. Por eso aquí no se hablará del congreso del PP de este fin de semana, ni apenas se ha escrito de sus trifulcas internas a nivel nacional o de las del PSOE en el ámbito valenciano. Porque no tienen ninguna utilidad para el ciudadano y sí en cambio para los partidos: la de marearnos. Que no les mareen.
No podrán decir que no les avisé. Hoy la profecía se ha cumplido y Esteban González Pons será (a menos que suceda un milagro en el congreso que su partido celebrará este fin de semana en Valencia) el próximo portavoz del Partido Popular. ¿Y saben que les digo? Que me alegro. Pero no solo por tenerlo lejos, que también, sino porque ahora en Madrid -me refiero especialmente a la prensa- van a poder sufrir a un político al que han dejado crecer a pesar de sus constantes desaguisados solo por el hecho de que no los cometía dentro de los límites de sus escasas miras. Si ya alucinaron con Zaplana, ahora van a flipar. Enhorabuena.
Hoy en 20 Minutos (y escondidito en toda la prensa).
¿Y por qué no recomienda al gobierno que incremente los impuestos progresivos a las rentas más altas de modo que los que se enriquecieron durante los años de bonanza sean los que ahora arrimen ligeramente más el hombro? ¿Por qué no recomiendan el incremento de los impuestos directos sobre artículos de lujo y patrimonio que sólo afectan a los grandes propietarios (en lugar de quitarlos como proponen PSOE y PP) en lugar de aumentar los indirectos que padecemos todos por igual? ¿Por qué un gobierno supuestamente de izquierdas iba a hacer cargar con el peso de la crisis a los más débiles cuando se supone que se le ha elegido para hacer precisamente lo contrario? Rodríguez Zapatero dijo en su discurso en la sede socialista de Ferraz tras ganar las últimas elecciones: "Gobernaré para todos, pero pensado antes que nadie en los que no tienen de todo". Puede empezar denunciando por retrógadas y conservadoras las recomendaciones del Banco de España y comenzando a aplicar las otras, verdaderas medidas de izquierda y progreso. Estamos esperando.
La pasada semana los españoles se agolparon ante sus televisores, pero no solo para ver las tontadas habituales, sino también para tratar de informarse acerca de la tan cacareada "huelga" de transportistas. Claro que, como informase y televisión son términos cada día más incompatibles, la consecuencia derivada de esa sobredosis de "información" fue la patética imagen de una población que, como pollo sin cabeza, se lanzaba a acaparar alimentos y combustible quizás en la creencia de que nuestra sociedad tocaba a su fin.
Obviamente no era así y no pasó absolutamente nada que no fuera de prever, pero todo el suceso muestra bien a las claras el grado de desconocimiento por parte de la mayoría de la población española de los mecanismos que rigen la sociedad y el mercado actual, y que determinan, entre otras cosas, por qué la economía española se encuentra en la situación que está. Y esto se debe en gran parte al esfuerzo -si se le puede llamar así- que los gobiernos de nuestra actual democracia han hecho para confundir a la población. Ante esta situación, al gobierno -que se las va a ver duras durante los próximos meses porque durante muchísimos años aquí se ha vivido de acuerdo al peor de los sentidos del carpe diem- se le presentó la primera oportunidad preciosa para comenzar a rectificar los errores del pasado y explicar a la gente, agolpada ante las pantallas, cómo funciona la economía. ¿Cómo? Dejando caer en sus declaraciones, frases sencillas como "los salarios son bajos porque los trabajos no son cualificados"; "hay crisis porque durante décadas España no ha apostado por fabricar productos competitivos y sí por juntar ladrillos"; "las empresas se van del país porque hay otros que aún cobran menos que vosotros"; "el pelotazo implica riesgos y el Estado no va a asumirlos" o "los fondos públicos no son para beneficiar intereses privados", por nombrar solo algunos conceptos básicos que la gente debería saber y, créanme, no sabe.
Sin embargo el gobierno no aprovechó la ocasión (excelente para sus intereses por otro lado, pues la legislatura acaba de empezar y es sabido que la gente acaba olvidando estas malas noticias). Quizás lo hagan en breve, sería lo lógico. O quizás no, porque, pensando mal, si la gente entendiera lo más mínimo de economía seguramente no toleraría que se siguieran planeando -y posiblemente aprobando- muchas medidas que suponen beneficios para muy pocos y perjuicios para muchos (como la ampliación del horario laboral a 65 horas, que se va a votar en la Eurocámara después de que el ministro español Celestino Corbacho se abstuviera en la comisión que la aprobó, y que en este siguiente paso contará con el respaldo del Partido Popular Europeo). ¿Ustedes qué opinan? ¿Nos querrán tontos?
A través de Guerra Eterna, el blog de Íñigo Sáez de Ugarte, redactor jefe de internacional del diario Público, accedo al artículo publicado en su diario El triunfo del 'periodismo patriótico' en Colombia. El artículo, del ex corresponsal de RTVE José Manuel Martín Medem, es muy interesante y esclarecedor a la hora de establecer por qué determinados medios desinforman, más que informan, de lo que sucede en Sudamérica. Les dejo un extracto, pero les emplazo a que lo lean completo:
"Durante su primer mandato, Álvaro Uribe-presidente de Colombia- convocó a dueños y editores de la prensa, la radio y la televisión para decirles que iba a organizar operaciones encubiertas en territorio venezolano y que contaba con la colaboración (ojos cerrados, oídos tapados y boca con candado) del periodismo patriótico.
Semejante complicidad incluye ahora a corporaciones españolas como Planeta y el Grupo Prisa, que compraron El Tiempo, el periódico más importante de Colombia, y la cadena radiofónica Caracol, la que se atribuye una mayor audiencia.
¿Por qué tantos medios tragan entero con tanta frecuencia lo que dice Uribe? Porque su Gobierno tiene la posibilidad de renovar o cancelar las concesiones de televisión (RCN y Caracol) para los dos grandes grupos económicos colombianos (Ardila Lulle y Santo Domingo) y porque está en juego la licitación de un tercer canal que esperan conseguir Prisa y Planeta."
Ya han pasado unos días desde que se inaugurara el pasado viernes Expo Zaragoza 2008 y todo lo leído, escuchado y visto sobre ella en prensa, radio y televisión, no ha hecho sino ratificar la sensación previa que tenía de un evento en el que tantos aragoneses, especialmente zaragozanos, tienen sus esperanzas depositadas. Y esa sensación es una mezcla de sorpresa y pena. Sorpresa, por la alegría que se nos comunica a través de todos los medios la alegría y el orgullo con que supuestamente viven todos los maños este "acontecimiento". Y pena porque, en primer lugar, a pesar de ese bombardeo mediático, no percibo a mi alrededor -y mi alrededor es bastante amplio- el mínimo interés por asistir a ese evento que, a pesar de lo que se diga, no parece aportar nada extraordinario que no haya en centenares de ciudades. Está claro que del caso particular no se puede extraer la norma, pero resulta extraño que un evento tan "extraordinario" no haya entrado en ninguno de los planes de la -mucha- gente que te rodea, que ni siquiera se haya barajado como una opción (entre muchísimas) para una escapada de verano.
Y esa primera pena redunda en la segunda, que es la de pensar en esos aragoneses o zaragozanos que viven amargados sintiéndose de segunda, a los que les han vendido este embolao por el que ahora sacan pecho, creyendo que desde otras regiones les miramos con envidia (cuando realmente esa feria nos importa un bledo). Los que viven así, eternamente acomplejados, me dan pena, pero más me la dan -y en un sentido más positivo- aquellos aragoneses que han visto como sus gobernantes despistaban a la población con este circo y dilapidaban en él una gran porción de fondos públicos que apenas ha generado más que un aumento desproporcionado en el precio de la vivienda y que, seguramente, salir por la ciudad se haya convertido en algo más prohibitivo. A estos últimos les diría que no se preocupen, que no nos olvidamos de que lo más valioso de Zaragoza no es que tenga el acuario fluvial más grande de Europa (¿de qué me suena este tipo de frase?) y que el valor de Aragón no reside en estas tontadas. Y se lo digo porque les entiendo. Porque sé de lo que les escribo desde aquí, en Valencia, tan solo a un centenar de metros del desierto y abandonado puerto de la America's Cup.
Yo he conocido el vídeo esta semana (gracias Ana), pero tiene ya bastantes meses. Se trata del clip promocional de la canción Antinazi Bund, del terceto alemán Sportfreunde Stiller, y me parece francamente fantástico. Es interesante que lo vean (además de divertido, se lo garantizo), porque se trata de una canción y un vídeo que, a poco que indaguen en internet, verán que en el país germano fue ampliamente difundido, además de interpretado por el grupo en programasde televisión de gran audiencia. Un ejemplo más que pone de manifiesto cómo algunos países se enfrentan de cara a los errores de su pasado (en Alemania hacer alegato del nazismo es delito penal), mientras otros miran para otro lado con los suyos o minimizan sus vergüenzas.
PD: ¿No podríamos hacer que ésta fuera la canción del verano en la red?
Horas después de que Fomento firmara la aplicación de un paquete de nuevas medidas para regular el mercado español del transporte con el 88% del sector, pero especialmente, después de que las fuerzas de seguridad empezaran a tomar medidas contra los camioneros que impedían el derecho al trabajo no solo de la mayoría de sus colegas, sino de millones de españoles, parece que la normalidad se va recuperando en los mercados y polígonos industriales del país. Sin embargo, los actos vandálicos organizados por estos individuos al principio de la semana han propiciado que ayer, algunas empresas empezaran a anunciar que se estaban "viendo obligadas" a realizar expedientes de regulación de empleo (ERE) debido a que carecían del material necesario para fabricar sus productos.
Estos expedientes solicitados por parte de las empresas -una especie de permiso a las autoridades para despedir de golpe a muchos empleados- , son admitidos por las autoridades con reticencias, pues suponen las pérdidas de muchos puestos de trabajo, por lo que deben estar muy justificados. Pues bien, algunas plantas de fabricación de automóviles del país y algunas empresas cerámicas -al menos en la provincia de Castellón- ya han anunciado que presentarán este tipo de expedientes debido a la falta de suministro generada por los paros ilegales de esta semana. Y a mí todo esto me genera una serie de interrogantes: ¿Llegarán estos ERE a buen puerto? ¿No les parece una casualidad que los soliciten precisamente empresas que se han beneficiado de la bonanza económica -automóvil, cerámica para la construcción- ahora que vienen mal dadas? Si el egoísmo de unos pocos camioneros puede dejar sin empleo a otros ciudadanos que seguramente trabajaban en peores condiciones que ellos, ¿se aplicará la ley con toda su firmeza contra los vándalos que han generado con su necedad estos daños colaterales*?
*A los que habría que sumar multitud de tiendas de minoristas, agricultores, etc.
Vía MigraMundo, que lo vio en Islas Cíes, que a su vez lo encontró Loogic (aunque la fuente original es el portal de economía NegoPolis.tv); un vídeo de humor que al tiempo explicade forma clara y meridiana un fenómeno que últimamente se está reproduciendo en España, y del que la huelga de -algunos, la minoría de- transportistas es el último ejemplo. Sonrían.
"Si el chófer se pone un poco tonto, le dan dos hostias. Si baja un poco subidito, un poco fuerte, diciendo que le dejen pasar, le dan dos hostias" transcribe el periodista Ignacio Zafra de boca de un transportista retenido en un piquete, para abrir su artículo de hoy en El País CV sobre la huelga de camioneros en la Comunitat (la foto, de Jordi Vicent, acompaña el mismo artículo). No obstante, sirve para ilustrar la situación en todo el país, donde los piquetes de los huelguistas, que recordemos, no suponen ni el 30% del sector, se han hecho los amos de las carreteras sin que las fuerzas de seguridad hayan hecho lo más mínimo para impedirlo. Ayer, cuando apenas habían transcurrido dos días de la revuelta (me resisto a llamar más veces huelga a lo que es un acto contra la sociedad en conjunto), la pasividad de las fuerzas del orden y la impunidad con que se manejan los huelguistas acabó costando la primera vida en España (y otra en Portugal); una muerte que ha de cargarse en la cuenta tanto de los vándalos, como del gobierno, que a día de hoy sigue sin ordenar una intervención de las fuerzas de seguridad que reconduciría la situación a lo que debería ser: una huelga en la que los huelguistas deberían mostrar su indignación con su paro.
¿Por qué se toleran estos actos contra la seguridad de las personas y que atentan contra el derecho al trabajo de millones de españoles? Si en lugar de manifestarse los camioneros, lo hicieran los fabricantes españoles de bombas de racimo, ¿el gobierno permitiría que se bombardearan las ciudades como signo de protesta? Como autónomo que se dedica a la noble pero mal retribuida labor de llenar páginas, ¿tengo permitido acercarme a las puertas de los diarios y amenazar -e incluso golpear- con un bate de béisbol a los becarios que entran a hacer lo mismo por salarios insignificantes cuando no directamente gratis? Que me lo explique alguien, por favor, que no acabo de entenderlo.
PD2: Lo que está sucediendo ahora me ha traído a la memoria el texto que escribí hace unos meses en el que les hablé de la crisis de las fotográficas. ¿No lo recuerdan? Esto, la "crisis" -si es que se puede llamar así a lo que no es más que un ajuste de beneficios por parte de un mercado libre- de los camioneros, tiene puntos en común.
Continúa la huelga de camioneros y se siguen lanzando mensajes confusos por doquier y mezclando diversos problemas e intereses -camioneros con pescadores-. No obstante siempre hay algún punto en el que la situación se explica con meridiana claridad. El más notable que he encontrado -vía Im-Pulso- ha sido el artículo "Huelga" contra la realidad, que firmó el domingo Josu Mezo en su columna en ADN. Háganse el favor de leerlo y, si lo ven conveniente, recomiéndenlo también.
Antes de ponerme muy serio les emplazo a que vean el artículo que ha sacado Escolar de Menéame en el que se recupera un artículo de El Mundo en el que los constructores, en plena bonanza del sector, pedían al recién constituido gobierno de Zapatero que no interviniera en el mercado. Como apunta el director de Público en su entrada, todo un ejemplo de "liberalismo a la española: los beneficios son míos; con las pérdidas, vamos a medias."
Tenía reservada (para hablarles en más profundidad del tema, aunque veo que no va a poder ser) la noticia que recogía el pasado domingo Levante-EMV acerca del informe Raxen de Movimiento Contra la Intolerancia que situaba en el pasado 2007 a la Comunitat Valenciana como la región española con mayor número de actos de violencia racista. Dice el informe -citado en la noticia- que en la Comunitat se está produciendo "un serio rebrote de las acciones neofascistas en España, que se caracteriza, a diferencia de la década de los 90, por un fuerte y visible componente de agitación (manifestaciones como la de ayer en Torrent) y una dinámica de violencia más clandestina, no reivindicada (cacerías al diferente y ataques a entidades)". Pese a que la posibilidad de sufrir uno de estos ataques es más alta que la de ser víctima de un acto terrorista, la preocupación por parte de la ciudadanía en general sigue siendo escasa, cuando no nula. Quizás tratamientos informativos como el que el diario Las Provincias dio a la manifestación xenófoba que Alianza Nacional organizó el pasado sábado en Torrent contribuyan a ello. Según su "información" (Los ultras toman Torrent), lo que sucedió fue un encuentro entre ultras, neonazis y antifascistas, a los que sitúa al mismo nivel -casi diría que el tratamiento de la noticia pone en peor lugar a los antifascistas-. ¿Cuesta tanto diferenciar que un antifascista sólo se opone a un neonazi, mientras un neonazi ataca indiscriminadamente a cualquiera que considere diferente? Yo no apruebo la violencia, pero, obviamente, no es lo mismo.
No sé cuánta bola se le ha dado a nivel nacional, pero por lo que respecta a la Comunitat apenas ha trascendido a través de un periódico digital, unos cuantosblogs y alguna columna en la prensa. Sin embargo creo que es interesante que trascienda la "denuncia" que la parlamentaria Rosa Díez, portavoz del partido Unión progreso y Democracia, realizó el pasado miércoles 4 de junio en el Congreso. En ella volvió con el raca raca de la discriminación de los castellano parlantes en las comunidades autónomas con otra lengua oficial, una mentira harto demostrada pero que sigue rascando votos entre el electorado nacionalista español más desinformado. Pero el colmo del esperpento se dio cuando Díez aseguró que en la televisión pública valenciana no se emite "ni una sola hora en castellano", cuando la realidad apunta a que casi la mitad de la programación se emite en la lengua de Cervantes, y seguramente se acerque al 90% en la franja de prime time. ¿Cómo en el Congreso se da bola a semejantes mentiras? ¿No debería haber un órgano que regulara este empleo malicioso de los organismos públicos? ¿No incita Díez a sus simpatizantes al odio cuando les engaña con semejantes mentiras? Menuda elementa. Que se sepa.
Creo que todo trabajador tiene y merece el derecho de huelga y que debe poder emplearlo como medida de presión, dentro de los márgenes que dispone la ley española, cuando lo considere oportuno. Del mismo modo considero que, paralelamente a su huelga, los trabajadores que la ponen en marcha tienen todo el derecho del mundo a exhibir su fuerza por medio de manifestaciones, también dentro de los límites que permite la ley.
Es por el respeto que tengo a ambas armas de todo trabajador, que quiero mostrar todo mi desprecio a los camioneros que, haciendo un incorrecto empleo de la libertad a organizarse en manifestación como la ley nos permite -pidiendo permiso, obteniéndolo y desfilando organizadamente en la ciudad o ciudades que deseen-, se pasan por el forro los derechos del resto de ciudadanos del país (se dice que al menos el 99% de los españoles no son camioneros) y paralizan, desde hace unas horas, algunas de las principales carreteras del territorio español. Espero que el aparato legislativo del Estado se emplee a fondo con ellos y restituya en breve la normalidad.
Por otro lado, a pesar de mi respeto a aquellos camioneros que quieran ejercer su derecho a huelga dentro de la normalidad, aparcando su camión y manifestándose pacífica y masivamente -si quieren, con su camión- allá donde consideren, no puedo dejar de mostrar mi estupefacción ante su decisión de hacer huelga en estos momentos. Efectivamente, es un gremio, el de los camioneros autónomos, que se está viendo especialmente afectado por la subida del precio de los combustibles. Sin embargo, es bien sabido que el sueldo que puede ganar regularmente un conductor de camión es elevado, fácilmente equiparable al que reciben los titulados de más alta graduación. Vamos, que sus ingresos pueden triplicar aproximadamente a los que recibe la mitad de los trabajadores españoles.
No obstante, en estos momentos en los que la crisis -desaceleración, recesión o como quieran llamarla- afecta a todos los españoles, el colectivo de camioneros ha decidido manifestarse unilateralmente, sin pensar en el resto de sus vecinos. Y sinceramente, me parece una notable muestra de egoísmo. Al menos podían pedir y procurar con sus actos mejoras para todos, de manera que su estatus siguiera siendo superior al de la mayoría de españoles, y no en cambio una mejora para ellos, a costa además de los fondos públicos (los de todos). Pero bueno, esto último ya es aparte.
Semanas después de lanzar la primera propuesta para tratar un problema local (y no obtener ninguna repercusión, pese a mi buena voluntad y lo brillante de mi propuesta), me lanzo ahora al ambicioso proyecto de sugerir un parche al depauperado estado de las arcas públicas españolas. Y digo parche, porque eso es lo que sería. No puedo desde mi magro conocimiento económico proponer una solución a gran escala que modifique el poco competitivo modelo español, pero sí señalar alguna costura mal cerrada que está haciendo que el Estado pierda por ella caudales que podrían estar mejor invertidos en otros propósitos más beneficiosos para el bien común.
Y es que se habla estos días de que no hay dinero para impulsar el crecimiento económico, que con los "400 €" ya está todo hecho, que además sobra mano de obra y -sin querer pecar de racistas (aunque San Pedro el día de mañana ya le leerá a más de uno la cartilla)- tendremos que devolver a los inmigrantes a sus países (con el gasto adicional que ello conlleva)... Pues si verdaderamente sucede todo eso, para aliviar esa situación hay una medida que se podría aplicar en breve y cuyos beneficios se notarían de inmediato. Me refiero -y ahí va mi propuesta- a la supresión del donativo de 2.500 euros por cada nuevo nacimiento de un español que aprobó el gobierno socialista el pasado año.
Y es que, qué hay más estúpido -o xenófobo, elijan la opción que prefieran- que subvencionar el nacimiento de nuevos españoles, cuando no paramos de lamentarnos de que en el país sobra mano de obra. La medida se respaldaba en el "argumento" de que en el futuro se necesitarán trabajadores para que coticen y se pueda mantener el sistema de pensiones; pero esto es absurdo, porque, al margen de que nadie sabe en el futuro qué sucederá, el presente nos dice que, para el trabajo que hay, sobra mano de obra, por lo que el futuro de las pensiones no dependerá de que nazcan más niños, sino de que se genere un nuevo tejido industrial competitivo que conlleve nuevos puestos de trabajo. ¿Qué más dará que sean venezolanos, marroquíes, argentinos, senegaleses, italianos o chinos los que coticen a la seguridad social?
A menos que no nos de igual y entonces aceptemos que uno de los fines de la subvención es subvencionar la "raza". Los otros motivos, como es obvio, fueron puramente electoralistas, pues repartir dinero por igual a las familias pudientes y a las más desgraciadas, es algo que queda fuera del manual más básico del socialismo, con lo que concluiríamos que la medida fue entre otras cosas un gesto de Zapatero -recordemos que fue él el que la anunció- para ganarse al centro derecha más poderoso a costa de la pasividad e ignorancia de una izquierda -si es que la hay- que no reaccionó airadamente ante semejante desbarajuste.
Queda pues ahí mi propuesta, que reconozco valiente para el gobierno, pues aplicarla supondría reconocer el error cometido. ¿Y cómo hacerlo? Pues sencillamente derogando el beneficio en un plazo de nueve meses: las familias que ya estén esperando a un hijo cobrarían la subvención, pero las que no, no podrían decir que se les ha quitado nada que no supieran. Medidas más antipopulares se han tomado, pero seguramente, menos sensatas. Además, seguro que se encontrarían con la oposición conservadora. ¿Qué más aval de progresismo quieren?
03 junio 2008
Como amo el periodismo y creo en él -y en que se puede hacer bien-, me ven a menudo señalar muchos de los "deslices" que me encuentro en los medios, aunque la mayoría, para no aburrir a nadie, los acabo digiriendo solo. Por suerte no parezco el único que siente esta inquietud por la información que se genera en este país y cómo, a través de ella, y a pesar de que muchas veces esté realizada con un -llamémoslo- "dudoso" afán informativo, uno puede extraer algunas conclusiones. Les cuento todo esto porque, si lo desean, pueden leer el brillante análisis que Félix Soria ha realizado de la amable entrevista que ayer realizaron en la Cadena Ser -en el programa A vivir que son dos días- al presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. A pesar de cómo discurrió la entrevista, verán que de ella se pueden extraer bastantes conclusiones.
Aunque sería quedarse corto. Para ser concreto, de los 15.058 parados más que ha registrado el Ministerio de Trabajo, 6.616 son valencianos. De ese modo, la Comunitat ha pasado, de aportar a esta fatídica estadística uno de cada cinco desempleados, a aportar más de uno de cada tres (4'4 de cada 10 sería lo exacto). No es, sin duda, una noticia que me alegre, sino una que me sirve, desde hace meses, para indicar que de cara a los ciudadanos, tan nefasta es la gestión económica del gobierno español, como peor la que pone en práctica el gobierno autonómico valenciano*. ¿Quién va a poner freno a esto? Es más, ¿cuándo alguien va a señalar a nivel estatal lo que está sucediendo aquí?
*Este "modelo de prosperidad", que es como llama Francisco Camps al modelo económico que ha implantado en la Comunitat ha llevado a la valenciana a ser la segunda autonomía en la que más se ha incrementado el número de parados en los últimos doce meses, con 62.196 nuevos parados (aquí tiene todos los datos). Sólo la supera Andalucía, con 77.528, aunque cabe señalar que dobla prácticamente en población a la Comunitat Valenciana. Porcentualmente, la valenciana es también la segunda en el aumento porcentual de su número de desempleados (un 32'15%), sólo por detrás de la otra "locomotora de España" -Rajoy dixit-, la murciana. Ahora que salgan Sáenz de Santamaría y Solbes -podrían hacerlo de la mano- y que nos lo expliquen.