15 mayo 2008

Crispar no tiene precio

El teatro romano de Sagunto (foto de Marcos de Pablo).

La polémica entre PP y PSOE por la reconstrucción del teatro romano de Sagunt es una de las primeras confrontaciones políticas de mi infancia que recuerdo con claridad. Gracias a mis padres, tuve la suerte de asistir a espectáculos del certamen artístico Sagunt a Escena que se celebran en él, tanto antes de su "reforma", como después. Por aquél entonces, cuando se realizó la reconstrucción yo tendría unos doce años -estoy contándoles de memoria, igual eran menos-, y la idea de que la obra realizada por la administración socialista era una barbaridad (a pesar de que habilitaba un espacio completamente incómodo) me pareció del todo correcta. Desde luego, esa sucesión de superficies lisas para nada recordaba a la imagen mental que el común de los mortales asociamos a un teatro romano, y yo, por entonces, no accedía a más información que la que me llegaba triturada para su consumo rápido. Aquello, en todo caso, era una reconstrucción realizada sobre "nuestro teatro". Así lo argumentó, sin más matices, el Partido Popular, que hizo del "empastre" una enseña para su oposición a la mala gestión del gobierno autonómico socialista, que desperdiciaba el presupuesto de los valencianos destrozando nuestro patrimonio.

Y hasta hace bien poco el teatro saguntino no faltó de su argumentario. La reforma se llevó a los tribunales, los populares llegaron al gobierno y desde allí siguieron recurriendo a la reconstrucción como ejemplo fácil de la mala gestión socialista a poco que los de la rosa acusaran a los populares de manirrotos o de realizar obras faraónicas. Así pasó el tiempo, hasta que hace unos meses el Tribunal Supremo dictaminó -siempre a tiempo- que la reforma no había sido correcta y sentenciaron que había que devolver la construcción al estado previo a la reforma. Esto resucitó el tema y ahora, más crecidito, accedí a la información que no me llegó en su momento. Así me enteré de que efectivamente, quizás ese auditorio, de híbrida estructura mezclando estilos modernos y antiguos, podría haberse emplazado en cualquier otro lugar y haber dejado lo anterior como estaba; pero que lo que había anteriormente tampoco era el auténtico teatro romano, sino las ruinas de reiteradas reconstrucciones del mismo a lo largo de siglos. ¿Que igualmente debería haberse preservado lo anterior? Es cuestión de gustos y yo ahí no entro, me da igual una cosa que otra; pero lo que no deja de estar claro es que la reconstrucción, que no debería haber pasado de tema menor, se convirtió en una herramienta de crispación que enfrentó artificialmente a los ciudadanos durante dos décadas.

La prueba más fehaciente de esto se produjo ayer cuando el Consell, obligado a realizar una obra que no desea, como resultado de la instrumentalización política del asunto, escuchó el dictamen que le ofreció la "comisión de expertos" constituida expresamente para que pusiera sobre el papel lo que cualquier persona sensata ya sabe: que es imposible recuperar el estado original del teatro romano y que por tanto recomienda dejarlo como está. Así pues, después de dos décadas dando la matraca con que el teatro herencia de los socialistas era una barbaridad y ellos iban a restituirlo, el asunto se cierra de un carpetazo sin que el teatro vuelva a su anterior estado. Y aquí paz y allá gloria. ¿Pagarán los causantes de tanto mareo algún precio político por la contaminación del ambiente social con tanta bobada? Tratándose de la Comunitat tengo serias dudas de que así sea. Aquí, como dice el anuncio, crispar a la sociedad no tiene precio.

De todo lo que se ha dicho y escrito hoy -a lo que he podido acceder- sobre el atentado en Legutiano, lo más sensato (es absolutamente sensato y por desgracia, un punto de vista muy poco extendido) lo ha escrito Félix Soria en su entrada "Legutiano: Otro asesinato convertido en acto político". Deben leerlo.

13 mayo 2008

¿Quién se bebe el Ebro?

En la madrugada del viernes 9 al sábado 10 de mayo, Cuatro emitió un especial informativo dedicado a la polémica organizada en torno a los distintos trasvases que se quieren o desean realizar desde el Ebro. El programa se llamó ¿Quién se bebe el Ebro? y la gente de ProgramasTVonline lo ha colgado hoy en la red para que, los que como yo se lo perdieron en su momento, podamos verlo ahora. Se lo dejo aquí y, si quieren, luego lo comentamos.



ACTUALIZADO:
Hace un rato acabé de ver el reportaje y como comenté que sería interesante compartir impresiones, les dejo las mías, por si alguien se anima a dejar las suyas en los comentarios:

  • Personalmente me parece que se trata de un reportaje que recaba muchos datos -lo cuál es bueno- pero que los estructura de un modo (dividiendo el caso por zonas) que no es el mejor para extraer conclusiones.

  • En este sentido hay que reconocer que la Comunitat Valenciana es la que sale peor parada (motivos hay para ello) pero también tratada (eso no lo es). No se trata con la misma dureza Marina D'Or que el proyecto de construir un Las Vegas español en el desierto de Monegros -en el caso aragonés se oyen voces justificando que generará empleo, un argumento igual de válido (o inválido) para el castellonense-. También se critica el crecimiento desmesurado de la construcción en la Comunitat, por encima de lo que los recursos permiten, pero no se denuncia con la misma severidad el crecimiento descontrolado de la ciudad de Barcelona. Son solo dos ejemplos.

  • Una cuestión que no me ha gustado es la falta de asignación de la fuente de un dato que se esgrime siempre por la partes implicadas, que es decir que los ciudadanos de este o el otro lugar son los que menos agua consumen. En el reportaje se dice que los barceloneses son los que hacen el uso más responsable de ella, pero no se atribuye la fuente que aporta ese dato. Lo mismo sucede en Valencia, donde se presume habitualmente de lo mismo sin decir dónde está eso reflejado. ¿Es tan difícil dar ese dato de un modo claro y preciso?

  • Finalmente, y para no agobiarles con mis impresiones, sólo les diré la principal conclusión a la que llego con el reportaje y que no cambia la que mis anteriores conocimientos me transmitían. Y es que sacar más agua del Ebro provocaría una catástrofe natural en el ecosistema del delta, cada vez más perjudicado por la situación de sequía que estamos padeciendo los últimos años y que está provocando que el agua del mar entre cada vez antes en el delta, por lo que habría que tomar medidas para que, haciendo uso literal del dicho popular, las aguas regresaran a su cauce.

No, no es que el 1-5 me haya dejado tocado, sino que se me ha acumulado un poco el trabajo y volver a incidir en lo mismo no me anima a dejarlo a un lado. Seguramente en breve cualquier suceso me motive a asomarme de nuevo por aquí. Por lo pronto les recomiendo que lean la última entrada de Mis Pensamientos, Mentiras arriesgadas en Patraix, ahora que se cumple un año de la explosión de la subestación eléctrica en el barrio valenciano.

10 mayo 2008

Blasco, el frívolo

Hoy, en la edición valenciana de El País, Ingancio Zafra entrevista a Rafael Blasco ("No se puede hablar igual de la inmigración europea y subsahariana"), conseller de Ciudadanía e Inmigración, e impulsor del cuanto menos ridículo "compromiso de integración". Además de perlas como que el "compromiso" servirá para que los inmigrantes sepan que tienen "la posibilidad de expresarse en valenciano y castellano" (algo que no parece saber ni la misma alcaldesa de Valencia -que no usa el valenciano ni para decir "bon dia" o el ex presidente de la Generalitat Eduardo Zaplana, a su vez inmigrante español), el conseller deja ver en la entrevista, en un puñado de respuestas, el sinsentido de su propuesta y la intención de despertar en la población los más bajos instintos con el fin de obtener de ellos un rédito electoral:

Pregunta. El compromiso parece poner bajo sospecha la cultura del inmigrante. Parece partir de la idea de que sus costumbres, y por tanto ellos mismos, son un problema.

Respuesta. Esa interpretación es absolutamente falsa y capciosa. En el Reino Unido, a cualquier inmigrante se le hace un examen para que demuestre que tiene unos conocimientos sobre el inglés y algunas tradiciones inglesas. Y eso no se puede interpretar como un rechazo al inmigrante, sino como una fórmula para que se integre plenamente. Lo mismo pasa en Francia, Suecia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, las democracias más avanzadas. Porque los inmigrantes con conocimientos básicos de castellano y valenciano, que sepan que tenemos instituciones de autogobierno propias y unas tradiciones propias, van a tener más posibilidades de integrarse que aquellos que acaben en un gueto.

P. Lo que acaba de describir se parece bastante a muchas comunidades de ciudadanos de la UE que viven, sobre todo, en Alicante. Pero a ellos no se les pide que firmen un compromiso.

R. Yo creo que esa es una visión un poco frívola. No se puede comparar porque cuando hablamos de inmigración y de extranjeros estamos hablando de cosas muy distintas. E incluso dentro de la inmigración, no se puede hablar igual de una inmigración que viene de Iberoamérica o de los países de Europa, que de una inmigración que viene por ejemplo del África subsahariana. Los perfiles son completamente distintos. Y a cualquiera con un mínimo espíritu democrático le tendría que preocupar también que los colectivos de europeos se interesen en la realidad de la sociedad que les acoge.

Tony Alexander King es el modelo de inmigrante al que Blasco no pone ninguna pega en la Comunitat.

En memoria

Ayer, anoche, bajo el puente de Ademuz de Valencia. Hoy quizás ya no esté.


Vía Ilusiones Perdidas. Allí las fotos van acompañadas de un emocionante texto cuya lectura les recomiendo.

09 mayo 2008

Justicia a la valenciana

Últimamente se oye mucho decir que "hay que respetar las decisiones de la Justicia", y empiezo a sospechar que si es necesario recordar ese respeto, es precisamente porque la Justicia está haciendo méritos para perderlo. En la Comunitat Valenciana huele especialmente mal, pues no faltan indicios señalando que los poderes legislativo y judicial parecen defender intereses comunes. Desde hace años asistimos a muchos casos que hacen sospechar esta connivencia, siendo el más sonado el caso Fabra, paralizado por el hecho de que por él ha pasado un sinnúmero de jueces y fiscales (muchos de los cuales abandonan justo entonces sus obligaciones para pasar a ganar mucho más en empresas privadas); y el último, conocido ayer, el archivo de la investigación sobre las causas y responsabilidades por el accidente de metro de Valencia, el más trágico de este tipo registrado jamás en Europa.

¿No ha llegado ya el momento de que instancias superiores peguen un vistazo a lo que sucede en estas tierras? Porque algo debe de pasar para que, mientras en Murcia o Baleares más de un alcalde haya pasado una temporadita en chirona, sus colegas valencianos, metidos en asuntos de igual o mayor calado, se paseen tranquilamente por la calles, en algunos lugares sigan mandando e incluso sean promocionados.

No dejen que sus hijos se acerquen a él. Es José Ramón García Antón, el conseller que se aferró a su sillón mientras decenas de personas morían en la red de metro bajo su responsabilidad. Ahora, al frente de la Consellería de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda, se atreve a dar lecciones de moral a Zapatero. El mundo al revés.